Equipo compacto, con diferentes amenazas tanto dentro, cómo fuera de la pintura, que tiene a un director de orquesta fantástico y a una de las estrellas más jóvenes y con mayor protección de la NBA. Ésta podría ser una buena definición del equipo que está asentado en la cuarta posición de la conferencia Oeste, los Phoenix Suns. Un equipo que progresa adecuadamente y qué sino cambia mucho el panorama, volverá a disputar los Playoffs once temporadas después.
Estamos hablando de un
equipo que está al alza y que ya el curso anterior, consiguió dar un salto de
calidad. Lograron casi duplicar el casillero de victorias (de 19 a 34 victorias)
y fueron la sensación de la burbuja de Orlando, con una actuación inmaculada
que casi les hizo entrar en los Playoffs. Con dos o tres partidos más, lo
habrían conseguido.
Para comenzar a
desengranar al equipo dirigido por Monty Williams, tenemos que hacerlo por su
buque insignia, su jugador franquicia, Devin Booker. A sus 24 años y en su
quinta temporada ya en la liga, Booker parece todo un veterano. Clase excelsa,
sus veinticuatro puntos de media esta campaña así lo atesoran. Estamos hablando
de un jugador de nivel All Star, pero que incomprensiblemente no ha sido seleccionado
para la próxima edición del partido de las estrellas. El equipo de Arizona
tiene jugador donde seguir edificando un proyecto ganador para años.
La nueva cara de este año
y el gran cambio en el quinteto inicial ha sido en el puesto de base. Ricky Rubio
que había hecho una gran temporada, siendo el mentor de la camada joven del
equipo, fue traspasado a Oklahoma y Phoenix se hacía con los servicios del
veterano base y estrella de la liga, Chris Paul. Parecía una apuesta arriesgada,
pero el tiempo parece haberles dado la razón. Si algo tiene Paul, es que hace
mejores a sus compañeros y al equipo donde está. Ocurrió el año pasado con los
Oklahoma City Thunder y está sucediendo ahora. A sus 35 años, parece estar en
una segunda juventud, disfrutando dentro de la cancha. Sus más de dieciséis puntos
y ocho asistencias por partido lo dicen todo.
En el juego interior el
hombre del que tenemos que hablar, es Deandre Ayton, la tercera piedra del
proyecto. El nº 1 del Draft del 2018 todavía no ha explotado y su margen de
mejora debe ser clave en el futuro de la franquicia. Si da un salto de calidad,
podemos hablar de un equipo que podría aspirar a todo. Sus estadísticas son buenas,
casi catorce puntos y doce rebotes por partido, pero la sensación es que con
las cualidades que tiene y sus 216 cm de altura, podría dar mucho más de sí.
El juego del equipo se
basa indiscutiblemente en estas tres bazas y el resto de las piezas, son jugadores
que hacen de complemento y pegamento. Jugadores con un rol definido, que están desarrollando
muy bien en lo que llevamos de curso. Los puntos de Mikal Bridges y Cameron Johnson,
el trabajo defensivo y físico de Jae Crowder o los buenos fundamentos del croata
Dario Saric, son alguno de los ejemplos.
En resumen, hablamos de
un equipo que debe dar mucho que hablar esta temporada, posiblemente no para
aspirar el anillo, pero sí para dar algún susto a los grandes favoritos. Sin
duda, las acciones de Phoenix Suns siguen alza.
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