“Yo no pido nada. Soy medio camaleón, trato de adaptarme a lo que hay y de ayudar con lo que pueda. Por ahí lo mío no luce tanto. Y está bien que así sea”. Estas palabras reflejan perfectamente la personalidad de Carlos Delfino, todo un Campeón Olímpico. Un jugador que ha vivido en la sombra, sabedor que los flashes en la selección recayeron en Ginóbili, Scola o Nocioni, sin que ello le importara lo más mínimo.
Delfino, se define como
un hombre sencillo. Amante de su Santa Fe natal (es Embajador Deportivo de la
ciudad), aficionado a la pesca (donde consigue desconectar y recargar pilas),
no se le caen los anillos al afirmar que todavía a su edad sigue viendo El
chavo del 8.
Carlos, a sus 38 años se
encuentra disfrutando del baloncesto en la Lega Italiana, en las filas del
Victoria Libertas de Pesaro. Miembro de la Generación Dorada del baloncesto argentino
y con una larga trayectoria en la NBA, donde jugó en cuatro franquicias (Detroit
Pistons, Toronto Raptors, Milwaukee Bucks y Houston Rockets), vuelve a sonreír
en una cancha de baloncesto.
Pero no todo ha sido un
camino de rosas para él. Tras ser elegido en la primera ronda (puesto 25) en el
Draft del año 2003 por Detroit Pistons y conseguir al año siguiente el Oro en
los JJOO de Atenas, se encontró que con tan sólo 22 años se había convertido en
una estrella mediática. Este ascenso precoz provocó que Delfino se relajara y
su juego se resintió en exceso. Vendrían temporadas grises, (especialmente en
Toronto y en el equipo ruso del Khimki, donde no acabó de adaptarse al frío de
la ciudad) y parecía que su carrera se había estancado.
“Nunca me enloquezco,
nunca. Ni cuando me va bien ni cuando juego mal. Trato de estar con los pies en
el piso. Tal vez hace un tiempo, cuando estaba medio verde, me ponía triste y
quería mandar todo al carajo. Fue entre los 20 y los 25. Después me acomodé y
me di cuenta de algunas cosas. Y me empecé a dedicar más a lo mío”. Así
respondía Delfino cuando le preguntaban por esos años donde no vimos brillar su
juego.
Por suerte esa
experiencia europea, unida a una mayor madurez motivó el regreso de Carlos a la
NBA de la mano de Milwaukee Bucks, donde siendo titular, mostró su mejor
versión.
Tras su periplo en la NBA
y después de permanecer cuatro años inactivo, regresó a su país a jugar en las
filas del Club Atlético Boca Juniors. Las últimas temporadas y tras un breve
paso por el Saski Baskonia, las ha pasado en Italia en el Fiat Torino y el
Fortitudo de Bologna, donde ha vuelto a ser un jugador importante dentro de la
cancha.
Delfino a pocos meses del
inicio de los JJOO de Tokio, tiene la ilusión de un debutante y sueña con
formar parte de la Selección Argentina este verano. Sin lugar a dudas, Carlos
vuelve a sonreír.
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