Se cumplen hoy exactamente doce años desde que Andrés Montes nos dejó..., en cambio su presencia con nosotros sigue estando muy viva. Siempre nos decía aquello de “porque la vida puede ser maravillosa” y no le faltaba razón, sí, pero sin su presencia, la vida es ahora, un poco menos maravillosa.
Una persona que al verla
siempre me transmitió buenas vibraciones, buena onda, buen feeling...
Transmitía alegría. Era una persona que al escucharla te subía el ánimo.
Las sensaciones al
escuchar la sintonía antes de comenzar las retransmisiones eran
indescriptibles… Era cómo si en ese instante, te juntaras o quedaras con unos
buenos amigos, al ver el deporte que te encanta, pero sin estar con ellos
físicamente. No sé cómo explicarlo, pero sin duda, tenían un aura especial, me
atrevo a decir, que hasta eran mágicas…
Su aparición comenzaba
con su voz tan característica diciendo "Bienvenidos al curso
baloncestístico..." y de ahí, hasta el final del partido, en el cual
siempre ponían buena música, se me pasaba volando.
Tengo que reconocer que
la NBA me gustaba desde mucho antes, pero sus retransmisiones con el gran
Antoni Daimiel eran algo más que una narración de un partido de la NBA. Podían
hablar de comida, de qué, ¿cómo podía casarse una pareja coincidiendo con un
Barça-Madrid?… Eran capaces de que un mal partido pasara totalmente desapercibido.
Todo el rato estabas muy metido, escuchando sus conversaciones, qué eran toda
una delicia.
Hizo que su manera de
hablar y sus motes entraran a formar parte de mi vocabulario cómo, por ejemplo:
“El talento bajo sospecha”, "Vilma, ábreme la puerta", "Vaya
pincho de merluza", "Es muy fácil, si lo intentas", “Hago lo que
quiero, cuando quiero, cómo quiero y cuando me da la gana”.
Recuerdo aquellas noches
en las cuales, en ese momento, olvidabas los problemas del día a día, eran
ellos y yo viendo un partido de baloncesto. Pasaron muchas cosas en mi vida,
pero siempre intentaba no perderme sus partidos. No quiero pensar las horas de sueño que esta
pareja me ha quitado, pero realmente debo decir, que merecieron la pena. En la
época del nacimiento de mi hija, me hicieron sobrellevar aquellas primeras
tormentosas noches. Cuantos biberones dimos los tres, sin que ellos fueran
conscientes…
Fue un palo enorme el
hecho de que los caminos de Montes y Daimiel se separaran, pero siempre tuve la
esperanza de que se volvieran a encontrar y comentaran, de nuevo, juntos los
partidos. Mientras lo seguí disfrutando en el mundo del fútbol, con sus
“Tiki-Taka”, “Fútbol con Fatatas”, “Mertesacker, imagínate que tú hija se
presenta con un novio que se llama Mertesacker”, aunque ya no fue lo mismo.
La trágica noticia de su
muerte, me afectó personalmente. Era cómo si de un familiar o amigo cercano,
nos hubiera dejado súbitamente y me dejó la sensación de qué ya nada iba a ser
lo mismo. Siempre me pareció una persona que me habría encantado conocer,
parecía sencilla y con un gran corazón. Sin duda, la vida puede ser
maravillosa, pero desde su marcha, lo es un poquito menos.
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