lunes, 1 de febrero de 2021

Los Dallas Mavericks van a la deriva y amenazan con hundirse

Cuando las cosas no funcionan y el resultado no es el esperado, no queda más remedio que cambiarlas. Esto pasa en todas las situaciones que se pueda encontrar uno en la vida, ya sea en relaciones personales o profesionales. Si algo no carbura, hay que tomar decisiones por dolorosas que puedan ser. En momentos puntuales, es necesario un cambio brusco de rumbo. Es lo que debe hacer cualquier embarcación que navega hacía la deriva y amenaza con hundirse.

Esto es lo que les ocurre a los actuales Dallas Mavericks, que actualmente ocupan las últimas posiciones de la Conferencia Oeste. Con una racha de cinco derrotas seguidas, presentan un balance negativo de ocho victorias y doce derrotas. El equipo dirigido por Rick Carlisle no hizo los deberes correctamente antes de comenzar la competición y ahora está pagando por ello.

Tras una buena actuación en los Playoffs de la temporada pasada, en la que cayeron ante Los Ángeles Clippers, a los que les llegaron a plantar cara con un equipo bastante inferior en recursos, se esperaba que en esta campaña dieran un paso hacía adelante y se convirtieran en uno de los gallitos de la conferencia oeste.

Nada más lejos de la realidad, el equipo de Mark Cuban no se movió lo suficiente y no reforzó al equipo con jugadores de garantías, para dar un salto de calidad. Las llegadas de James Johnson, Josh Richardson y Wesley Iwundu, unidas a sus dos elecciones en el Draft, Josh Green y Tyrell Terry, se antojaban sobre el papel insuficientes antes de comenzar la competición. El tiempo parece estar dando la razón.

Por si fuera poco, los Mavericks perdieron a un gran jugador de equipo, que personalmente parece un poco infravalorado. Ser el hermano de Stephen Curry es lo que tiene, pero Seth Curry me parece un fantástico jugador de equipo, con un magnifico lanzamiento exterior. Si algo adolece el equipo tejano, es de anotadores y su marcha no ha hecho más que restar. Perder un activo de estas características ha sido imperdonable.

En el apartado anotador los Mavs necesitan más activos. Más si cabe, cuando el segundo de abordo, el letón Kristaps Porzingis, que debería ser el jugador que libere a Luka Doncic, se encuentra muchos partidos fuera de la cancha, debido a sus constantes dolencias físicas. Si a eso se le suma que el tercer jugador con más puntos en las manos, Tim Hardaway Jr realiza un partido bueno y tres malos, con una irregularidad y anarquía dignas de estudio, el panorama que se presenta es bastante desolador.

A todo esto, Luka Doncic en su tercera temporada en la NBA, comienza a ponerse nervioso, tanto dentro de la cancha, donde en momentos puntuales de los partidos se le ha visto algo incómodo, como con sus declaraciones fuera de ella. “No tengo mucho más que decir. Nunca había sentido algo así. Tenemos que hacer algo, porque esto no va bien”. Palabras del esloveno que dejan a las claras el descontento actual del jugador, con lo que le está sucediendo al equipo.

Mucho deben cambiar estos Mavericks para volver a ser un equipo competitivo. Muy lejos quedan las cuarenta y tres victorias de la pasada campaña, aunque todavía están a tiempo de revertir la situación. Veremos…

jueves, 28 de enero de 2021

Cuando de los Bad Boys ya no queda nada

Qué lejos quedan aquellos Pistons de finales de los 80... Aquel equipo capaz de romper la hegemonía de los Lakers de Magic Johnson, impidiéndoles conseguir el tercer anillo consecutivo a los californianos. Un equipo aguerrido, duro (al límite de la legalidad), rocoso, que consiguió ganar los anillos de los años 89 y 90. Jugadores de raza cómo Laimbeer, Mahorn y Rodman unidos a jugones de la talla de Thomas, Dumars o Aguirre y entrenados por el que a posteriori sería entrenador del Dream Team, Chuck Daly indicaron el camino a la gloria a los Billups, Hamilton, Wallace y Cía., ganadores en el año 2004 del último anillo de la franquicia. Otro equipo que basado en la defensa llegó a derrotar a los Lakers del Big Four de Shaquille, Kobe, Malone y Payton, claros favoritos al anillo.

Desde ese último anillo han pasado ya casi 17 años, de los cuales los doce últimos han sido para olvidar. Los Pistons, han sido incapaces en todas estas temporadas, ni tan siquiera de ganar un partido de Playoffs. De hecho, en todo este tiempo sólo se clasificaron en tres ocasiones para la postemporada y viendo la presente campaña, la situación no parece que vaya a cambiar. Los de Michigan con un balance de 4 victorias y 14 derrotas se encuentran penúltimos de la Conferencia Este, tan sólo por delante de los Washington Wizards.

El entrenador Dwayne Casey no dispone de mimbres de nivel para reconducir la situación y el mayor problema que se encuentra, es que el equipo está metido en una interminable reconstrucción y no parece tener solución a corto plazo.

Troy Weaver, su actual General Manager, tiene mucho trabajo por delante. Blake Griffin, que debería ser el jugador franquicia, no termina de ofrecer su mejor versión mermado por las lesiones. Las adquisiciones en el último draft, Killian Hayes e Isaiah Stewart son todavía muy noveles para ser el faro que guíe al equipo y Derrick Rose, un hombre de una clase excelsa saliendo del banquillo, puede que no acabe la temporada en busca de un equipo con aspiraciones al anillo.

Ante todas estas malas noticias, la única nota positiva está siendo el buen nivel ofrecido por Jerami Grant en su primer año con los Pistons. Sus más de veinticuatro puntos y seis rebotes por partido dan fe de ello. En su sexta temporada, Grant ha duplicado prácticamente su nivel anotador y es el único que parece haber dado un paso adelante, liderando al equipo.

Poco bagaje para pensar que estos actuales Detroit Pistons puedan remontar posiciones y convertirse en un equipo a tener en cuenta esta temporada. De los Bad Boys ya no queda nada.

sábado, 23 de enero de 2021

Barea y cómo triunfar saliendo desde el banquillo

Las primeras imágenes que recuerdo de la NBA cuando era pequeño y que llegaron a hacer que me enganchará completamente al baloncesto, fueron los duelos entre Los Ángeles Lakers de aquel base de más de dos metros, Magic Johnson, contra los Boston Celtics de un rubio con un tiro espectacular, Larry Bird.

Dos equipos legendarios, ganadores de la gran mayoría de anillos en la década de los 80 que basaban básicamente su triunfo en unos quintetos de una gran calidad, que acaparaban gran cantidad de minutos y donde los suplentes tenían un papel residual, jugando los pocos minutos que necesitaban los titulares para poder descansar y coger un poco de aire.

Pero a finales de la década de los 80, con los anillos conseguidos por los Detroit Pistons, se comprobó que tener un banquillo con garantías era sinónimo de triunfo. Con estos Pistons, se pudo ver por primera vez a una serie de jugadores que cuando, salían del banquillo, eran capaces de revolucionar un partido o de mantener el nivel de la primera unidad. Uno de ellos era el escolta Vinnie Johnson, apodado “El Microondas”, quizás el primer jugador que era capaz de cambiar la dinámica negativa de su equipo, revolucionar y contagiar al resto de compañeros.

Años más tarde, otro jugador que desempeñó perfectamente esta función y que consiguió tres anillos de la NBA con los Chicago Bulls, fue Steve Kerr. Un gran tirador, gran especialista en finales apretados, que sacó de más de un apuro al equipo liderado por Michael Jordan.

En la NBA actual el fondo de armario es básico, pero uno de los últimos ejemplos de este tipo de jugador lo pudimos ver en los Playoffs al título del 2011, que con sus actuaciones fue clave en la consecución del anillo logrado por los Dallas Mavericks.

Si bien es cierto que la segunda unidad de los de Dallas era espectacular con un gran Jason Terry, el jugador que realizó un final de temporada espectacular no fue otro que el puertorriqueño Juan José Barea.

Barea, que creció como jugador a la sombra de uno histórico como Jason Kidd, revolucionó con su dirección de juego y su acierto en el tiro saliendo del banquillo de los Mavericks.

Tal fue la aportación de Barea al equipo tejano, que en los últimos partidos de la final contra los Miami Heat llegó a ganarse el puesto de titular, siendo capaz de anotar 15 puntos y repartir 5 asistencias en el último partido en la cancha de los Heat que les dio el anillo de campeones de la NBA, llegando a ser el segundo jugador de Puerto Rico capaz de conseguirlo detrás de Alfred Lee.

Tras este final triunfal, Barea fichó por los Minnesota Timberwolves, dónde estuvo tres temporadas intentado aportar lo máximo a un equipo joven. Pasado este tiempo, regresó a la que ha sido siempre su casa, los Dallas Mavericks. Seis temporadas más, aleccionando y aportando su sabiduría y experiencia al servicio del equipo de Rick Carlisle.

A sus 36 años, será todo un novato en la ACB, ya que le veremos en las filas del Movistar Estudiantes. Tendremos un motivo más, para ver la Liga Endesa.

viernes, 22 de enero de 2021

Greg Oden: Un gran "juguete" roto

 Para una franquicia, una buena o mala elección de una primera ronda del Draft marca el futuro del equipo para los próximos años, porque un acierto hace que puedas construir un proyecto ganador y un error hipotecar al equipo durante años. En Portland Trail Blazers lo saben muy bien, porque lo han vivido en sus propias carnes con dos historias muy similares.

En el Draft del año 1984 se produjo uno de los mayores errores de la historia de la NBA. Houston eligió a Hakeem Olajuwon como nº 1 (una buena elección teniendo en cuenta que Rockets lograron 2 anillos en los años de 1994 y 1995). Posteriormente, le tocó elegir a Portland en el nº 2 y cuando parecía que iba a elegir a Michael Jordan, decidió hacerse con los servicios de Sam Bowie, un pívot de 2,16M que no pudo despuntar debido a las lesiones que sufrió en los cuatro años que estuvo en los Blazers. Portland buscaba hacer un proyecto con Bowie dominando en la pintura y Clyde Drexler haciéndolo desde el perímetro, que finalmente no se produjo. Posteriormente Chicago escogió en el nº 3 a Jordan y el resto de la historia todos la conocemos…

Veintitrés años más tarde, la historia volvió a repetirse. A Portland le tocaba elegir en el puesto nº 1 del Draft del 2007, en el que dos jugadores destacaban por encima de todos: el pívot Greg Oden y el escolta Kevin Durant. Cómo los Blazers ya tenían cubierta la posición de escolta con Brandon Roy (un jugador de una calidad excelsa, pero que se tuvo que retirar prematuramente por problemas en sus rodillas), decidió contratar a Greg Oden para intentar construir un proyecto con estos dos jóvenes jugadores que estaban llamados a dominar la competición y hacer de Portland un equipo ganador.

Desde un principio se comprobó que la elección había sido un error. Oden se lesionó en la pretemporada y no jugó ni un partido en su primera temporada, mientras Kevin Durant se convirtió en el Rookie del Año ese mismo año, hasta llegar a ser en la actualidad, una de las grandes estrellas de la NBA.

En la segunda temporada el pívot de Blazers disputó 61 partidos en los que sus números no fueron llamativos y en la tercera participó en 21, antes de volver a caer lesionado.

Oden un jugador de 2,13 M de altura y 113 Kg llegó a disputar tan sólo 105 partidos en las siete temporadas que estuvo en la Liga en los que promedió 8 puntos, 6,2 rebotes y 1,2 tapones. Un jugador con un cuerpo espectacular y un gran poderío muscular que no pudo demostrar su potencial por sus problemas de rodillas que son de auténtico cristal.

Los problemas físicos, unidos a que tampoco demostró ser fuerte mentalmente (se le acusaba de ser como un niño), agotaron la paciencia entre otros, de la gerencia de los Blazers.

El jugador nacido en Buffalo, tocó fondo y vivió un calvario en el año 2016, cuando cayó en depresión mientras intentaba relanzar su carrera en China como jugador. El uso de alcohol y pastillas se convirtieron en su compañero de viaje.

Por fortuna, en la actualidad, a sus 33 años (precisamente hoy es su cumpleaños) y una vez retirado, es asesor de deportistas, a los que ayuda a cómo gestionar la fama y su dinero.

Sin duda nos encontramos con el ejemplo de lo que podría haber sido y no fue, de un “gran” juguete roto.     

jueves, 21 de enero de 2021

Cómo perder una fortuna. La historia de Antoine Walker

Esta historia tiene como protagonista a todo un campeón de la NBA, Antoine Walker. Un jugador que fue toda una estrella en la Liga, capaz de conseguir una fortuna y que por desgracia (y esto suele ocurrir más de lo deseado entre los jugadores norteamericanos) se quedó en bancarrota.

Antoine Walker o “Soldado Universal” cómo le solía llamar el gran Andrés Montes, despuntó desde el día que aterrizó en la NBA, llegando a salir elegido en el quinteto de Rookies del año 1997. Walker, que fue elegido en la posición nº6 del Draft de 1996, formó junto con Paul Pierce una de las mejores parejas de la competición durante los 7 años que estuvo en el equipo de Massachusetts. Aquella época fue su mejor etapa en la competición, llegando a participar en 3 All Star, siendo incluso en uno de ellos titular gracias a los votos del público. Como muestra, llegó a promediar más de 20 puntos y 10 rebotes por partido, unos números de estrella de primer nivel.

Tras ser traspasado a Atlanta Hawks en el año 2004 y un posterior regreso a Boston, donde sus prestaciones bajaron considerablemente, en el año 2006 recaló en Miami Heat. Un equipo, que junto a Dwayne Wade y Shaquille O´Neal fue capaz de conseguir su mayor logro cómo jugador de baloncesto, al conseguir ganar el anillo de campeón, en ese mismo año.

Después de conseguir el título, su carrera se difuminó cómo un azucarillo en equipos como Minnesota y Memphis. En el año 2008 el jugador tras cerca de catorce temporadas y con 32 años, se retiró de la práctica del baloncesto. 

Se calcula que el jugador despilfarró los cerca de 110 millones de dólares que consiguió en las temporadas que estuvo jugando en la Liga. Y no sólo eso, sino que tuvo que volver a las canchas de baloncesto, para poder subsistir jugando en un equipo de la NBA D-League, una especie de segunda división de la Liga americana en las filas de los Idaho Stampede. No era la primera vez que el jugador tenía que volver a jugar, para poder seguir viviendo. En el año 2010 llegó a jugar una serie de partidos en un equipo de la Liga puertorriqueña, llegando a ser despedido por su bajo estado de forma.

El jugador tuvo que residir en un pequeño apartamento en Idaho, cuando en la antigüedad dispuso de dos mansiones en Chicago y Miami, coches de lujo, diamantes, abrigos de pieles, etc. Pero dónde el jugador perdió gran parte de su fortuna, fue por su afición a las apuestas en casinos. En una entrevista hace unos años llegó a confesar que era capaz de apostar dos mil dólares en una sola mano de blackjack.

Por culpa de esos excesos, en el año 2010 ya fue sentenciado a cinco años de libertad condicional y a pagar todo el dinero que se le reclamaba, por una deuda contraída en tres casinos de Las Vegas.

A tal punto llegó la desesperación del jugador, qué a través de un prestamista, Walker vendió el anillo de campeón de la NBA por veintiún mil quinientos dólares, para poder hacer frente a las deudas que tenía contraídas.

Años más tarde y queriendo ser de ayuda, Antoine dio charlas a jóvenes contando su historia de vida. Asesorándoles y explicándoles de primera mano sus vivencias, Walker les ponía en aviso sobre los problemas que puede acarrear una mala gestión del dinero.

miércoles, 20 de enero de 2021

El viaje a ninguna parte de los New Orleans Pelicans

Decepción. Así habría que definir hasta el momento la temporada de los New Orleans Pelicans. Un equipo que sobre el papel debía dar un paso al frente y mejorar los registros del año pasado, parece estancado.

Situado en las últimas posiciones de la Conferencia Oeste, no ha logrado, por el momento, solucionar problemas del pasado. Una plantilla que tiene dos diamantes en bruto como Zion Williamson y Brandon Ingram, adolece de ese carácter competitivo que te hace ganar partidos.

Ni la sustitución del entrenador de la pasada temporada, Alvin Gentry y la posterior contratación de Stan Van Gundy, unidas a la adquisición del pívot y ya forjado en la liga, como Steve Adams, han aportado esa garra y plus en defensa que tanto necesitan los de Nueva Orleans.

La cuestión es que son un equipo joven, con mucho potencial, pero que se ha de pulir. Los malos porcentajes desde la línea de tres puntos, unido al gran número de balones que pierden por partido, les están haciendo entrar en una dinámica negativa.

Un buen base como Lonzo Ball, un escolta, aunque anárquico pero anotador como es Eric Bledsoe, unido a los citados Williamson, Ingram y Adams, son un quinteto titular con suficientes mimbres si ya no ser equipo de Playoffs, para ser un equipo que esté en puestos para entrar en el Play-in. Pero por el momento, ni una cosa ni la otra.

Pero no acaba ahí el potencial de los de Van Gundy. A éstos hay que sumarles los Josh Hart, Nickeil Alexander-Walker o Jakson Hayes que deben tener mucho recorrido en esta liga. Mención especial la tiene el tirador y con gran clase J.J. Redick, que pone la veteranía a la segunda unidad, de estos bisoños Pelicans.

Con todos estos activos, Van Gundy tiene mucho trabajo por delante. Debe de hacer de este buen ramillete de jugadores un equipo, un equipo compacto que de un paso adelante, sino mucho nos tememos que será otra temporada perdida por los de New Orleans.

lunes, 18 de enero de 2021

San Antonio Spurs: Retroceder nunca, rendirse jamás

Si tuviéramos que definir este inicio de temporada de la NBA, en una palabra, esta sería sin ningún tipo de dudas, apasionante. Los inacabables recursos de los Lakers, la vuelta a las canchas de Stephen Curry y Kevin Durant, los partidos aplazados y positivos por Covid, unidos a los affaires de Kevin Durant y James Harden están dando mucho de qué hablar y eso que no hemos llegado al mes de competición.

Lejos de los focos, en el lejano Oeste, nos encontramos a un equipo que no hace ruido, pero que siempre cumple. Éste no es otro, que los San Antonio Spurs dirigidos por Gregg Popovich.

Nacido en Indiana y a punto de cumplir 72 años sigue siendo el hombre sobre el que gira todo el engranaje del equipo tejano. Como si se hubiera encarnado en el mismo Jean Claude Van Damme, Popovich ha aguantado todos los golpes que ha ido recibiendo estos últimos años en forma de espantada o retirada. Las salidas de Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginóbili, unida a la marcha de Kawhi Leonard a Toronto, cerraron la época más gloriosa de la franquicia y aunque el año pasado no se clasificaron para Playoffs, los Spurs estuvieron luchando hasta el último momento. Este hecho puso fin a una racha histórica de 22 temporadas consecutivas entrando en playoffs.

Pues bien, este año siguen ahí, siendo un dolor de cabeza para cualquier equipo. En el quinteto titular, la mezcla de veteranía y juventud hacen de él, un quinteto equilibrado. DeMar DeRozan y LaMarcus Aldridge son los veteranos, siguen siendo las puntas de lanza del equipo y se reparten los galones. A ellos dos se les unen los jóvenes Lonnie Walker, Dejounte Murray y Keldon Johnson a los que Popovich va puliendo poco a poco.

Si miramos al banquillo, nos encontramos el mismo patrón que en el quinteto inicial. Si bien la rotación de Popovych está siendo bastante corta, los veteranos Rudy Gay y Patty Mills (único integrante que queda del Campeonato logrado en2014) aportan minutos de calidad, unidos a Jakob Pöltl y Devin Vasell que completan el grueso del roster de los tejanos.

En resumen, los San Antonio Spurs son un equipo que debe luchar por entrar en Playoffs, de hecho, ahora mismo lo están consiguiendo. Quizás sean peor conjunto que otras franquicias con las que se ha de ver las caras, pero la filosofía Popovich de no rendirse jamás, les da ese plus que puede hacerles salir victorioso.

                                                                   (foto:propiedad del autor)